© Marta Puig

Olivo por aquí, olivo por allá

Esta semana trasplantamos un olivo. No estaba muy lejos de su ubicación final. Unos 20km si llega. Estaba en un campo a las afueras de donde vivo. Era una parcela que pasó a merced del banco y hace poco se sembró de trigo esperando el día en que se urbanice.

 

Tan pegada al pueblo estaba que la utilizaban de vertedero ilegal, así que ese precioso y descuidado campo de olivos pasó a manos del banco y de éste -a un vecino de toda la vida del pueblo, oriundo de Mairena- a ser un campo de trigo. Antes de sembrar el trigo todos los olivos, salvo uno, se hicieron madera. Es casi seguro que quien lo lea piense que es una pena, yo me sumo, pero un campo olvidado al lado de un pueblo en expansión poca solución tiene y es cuestión de tiempo que todo aquello desaparezca. En Andalucia, no faltan olivos. Y, más milenario, es otro cultivo como el trigo.

 

Pero, bien, vayamos a mi olivo. Este tiene tres troncos, que por un lado se abren dejando una enorme llaga, abierta y retorcida, un hueco que profundiza hasta allí donde la imaginación quiera, pero por el lado opuesto dos de ellas se han anudado y al contacto han formado una trenza de cien años. Es un ejemplar de fácil 300 años. O, más. Y al estar en un esquina del campo, pegado al camino, pensaron que éste si merecía la pena dejarlo, ya se vería que hacer con él, además no molestaba al tractor y es sin lugar a duda de una belleza excepcional. La copa es comedida porque ya lo terciaron no hace mucho -aunque yo la voy a dejar crecer-. Pero eso no nos vino mal a la hora de trasplantar. El camión sólo tiene un tamaño.

 

Pues bien, allí que me planté el miércoles pasado. Retroexcavadora y camión. Y, así comenzó la faena.

 

 

 

Trasplantando un olivo centenario

Bueno, aprovechando la hora de comer nos plantamos a eso de la 13 en aquel campo. Retro y camión. 2 hombres y yo. He de decir que ninguno nos dedicamos a sacar olivos como profesión, pero con mucha mano izquierda y un cuidado enorme para evitar que se abriera comenzamos.

 

Al excavar alrededor del olvido, las zanjas no se deben hacer cuadrando el árbol, es decir, cavo por un lado y luego por los otros tres que me faltan como si hiciera un cuadrado en la playa para evitar que llegue el agua al castillo palaciego que construimos en un visto y no visto. Para hacerlo bien se debe mover la retro para que el cucharón (la mano que cava) lo haga siempre siguiendo el radio natural que siguen las raíces -es decir, del tronco hacia fuera como los radios de la rueda de una bicicleta-. Esto lleva más tiempo, pero se evitar tronchar las raíces más de lo necesario.

 

Esta parte se puede decir que es la más fácil. La complicación y los crujidos que vienen del árbol llegan después.

 

 

Zarandeo

Una de las cosas que más sorprende cuando se ve cómo se trasplanta un olivo, o al menos a mi me lo parece, es el uso de la retro. No sé si alguna vez has visto trabajar una haciendo algo más que zanjas. Trabajo que parece relativamente sencillo, si no fuera porque un golpe de esa cazoleta te aplasta cual hormiga. Bueno, pues trasplantar el olivo no es cosa fácil y ver a alguien que sabe bien cómo trabajar con una retroexcavadora es como ver a una costurera haciendo encaje. Sorprende la suavidad con que se mueve semejante máquina y empuja con sumo cuidado un olivo de fácil 2Tn. (2.000kg, que se dice pronto).

 

Hechas las zanjas toca mover el árbol y zarandearlo para que se ‘despegue’. Un olivo, no es como un naranjo por ejemplo, no es un árbol con una raíz pivotante -que se adentra al centro de la tierra- que haya que cortar. El olivo extiende sus raíces horizontalmente. Así que cortadas las raíces hay que moverlo para son suavidad tumbarlo y cargarlo en el camión. Primero se protege el tronco con algo grueso para colocar suavemente el cucharón encima y mover el árbol hacia un lado, levantándolo. Después la retro se gira al lado contrario y de nuevo desde el otro lado se empuja hasta que suavemente y tras crujir varias veces, el árbol apoyó su copa en el suelo y permanece allí -el nuestro tendía a oscilar para seguir recto y estoico en su sitio-.

 

Transporte y Plantación

El resto es tratarlo con delicadeza para subirlo al camión y plantarlo en su nuevo hueco, grande y no necesariamente muy profundo para que quede un poquito elevado y regarlo con mucha agua para asegurarnos que no queda hueco alguno de aire entre sus raíces y el terreno nuevo. Pero antes de regar nosotros tuvimos que colocar el árbol y para eso la retro tuvo que girarlo con delicadeza de un lado. Cosa nada fácil, pues allí fue cuando si se nos abrió un poco uno de los troncos, si recuerdas eran tres, pero con capas y capas de corteza unida que flaqueban y crujían con el volteo lento y calculado.

 

El trasplante se acabó, como se acaba con cualquier árbol recién plantado, un buen alcorque a su alrededor se llena de agua ayudando a asentar el cepellón además de dar de beber a la planta. Como fin a la pesarosa tortura de ser movido se le podaron las ramas rotas, se le untó pasta cicatrizante y se le impone un régimen de riego para este año donde no le falte agua.

 

Los olivos son supervivientes natos. 

 

 

 

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5 Comentarios

  • chiqui Marfagon 27/02/2018  

    Marta, admiro tu trabajo y me gusta la forma tan sencilla que tienes de comunicarnos tus conocimientos y enseñarnos que todo es posible si se pone empeño y amor. Un beso.

  • Javier Puig de la Bellacasa Alberola 26/02/2018  

    Una historia estimulante que nos permite poner algo de optimismo en la acción humana para conservar la naturaleza. Prolongar la vida de un olivo para disfrute nuestro es una buena acción. Gracias

  • Enhorabuena que alegría volver a leerte y con está historia de recuperación estupenda. Por cierto mi olivo que estaba tan chuchurrio le corte la rama de abajo y está brotando como un loco. Un abrazo Merche

    • Marta Puig 26/02/2018  

      Cuánto me alegro!! Un abrazo, Marta

  • José Luis Lobete Pastor 25/02/2018  

    Gracias, Marta, en nombre del olivo y de los demás. Tengo un algo especial con los arboles. Saludos.