© Marta Puig

Un millón de cosmos

Esta ha sido una historia a contrarreloj. Y no sólo ha contrarreloj si no con un montón de contras. Por allá en el mes de mayo -2017- compré 1,5kg de semillas de cosmos. Ya iba tarde para sembrar.

 

Un amigo mío -que se dedica a las praderas de flores- por aquello de no decirme un NO rotundo me dijo, con suavidad, ‘Marta vas tarde, muy tarde, en Sevilla hace calor’. Bueno, pues yo anduve, convencida de que aunque no brotará todo, mucho brotaría. Además, había dicho que lo iba a hacer, que sembrar cosmos era la solución ideal para darle flores a un jardín enorme sin gastar un dineral en planta -a plantar en Junio- y torrarla entera en verano. Y eran súper vistosos. Había (en ello estamos ahora) que montar un sistema de riego y hacer muchas mejores antes de los acabados -es decir de plantar- pero en aquel momento no tenía sentido. Iba a estar aquello empantanado semanas tras semanas. Y, el jardín estaría triste otro verano.

 

A sembrar Cosmos

Pues bien, sembré mis cosmos. A principios de junio. Concretamente, el 6 de Junio. Un mes antes escribí un artículo en el Correo de Andalucía Cosmos desde el verano hasta el otoño explicando cómo había que hacerlo para hacerlo bien. Yo esperaba no sembrar mucho más tarde de aquello. Pero por una serie de razones las semanas pasaron y cuando llegó el momento -ya acabados algunos de los trabajos en el jardín- nos encontramos en Junio.

 

Pues bien. Manos a la obra. Y a sabiendas de que se tendrían que regar a mano durante todo el verano, dos veces al día, se sembró. Esto se hubiera evitado sembrando un par de meses antes.

 

 

Los cosmos germinan a los 14 días -a lo sumo- y después de sembrar son 8 semanas hasta que florecen. Y no paran de florecer durante todo el verano. Son anuales, lo que quiere decir que se siembran todos los años. Y la semilla que sueltan no es suficiente para conseguir el efecto año tras año sin volver a sembrar.

 

 

Pasaron 14 días. Germinaron muchos. Para currarme en salud sabiendo que ya iba tarde aumenté la dosis. Hubo un momento en que cómo no germinaban y cabía la posibilidad de que fuera por el calor coloqué paja por encima para intentar bajar la exposición. Esto ayudó algo pero poco -prueba y error-.

Algunas zonas las más sombrías no paraban de crecer, así que al cabo de 5 semanas para rellenar zonas más desnudas trasplantamos a dónde había huecos.

Pero pasaron las semanas y no había botones de flor. Eran finales de Julio y no había ningún botón, todo eran brotes verdes.

 

Un millón de flores

Pensando en que la floración era inminente, potenciar que hubiera más flores y retrasarla un par de semanas, pinzamos una parte de los parterres. Pero oh!, finales de agosto y sin botones. Y, ahora me vienen a la cabeza el emoticono del whatsapp de la mujer poniéndose la mano en la frente.

 

A mi ya se me revolvía el cuerpo. Ni un botón. Nada. Todo verde, pero plantas de hasta 2m de altura. Buen riego todo el verano, buena tierra -¿error, no error era lo que había?, la naturaleza está viva y fue un verano raro para todos-. Y el calor ya empezaba a bajar. Jur! A buscar respuestas me puse. Pues bien, un gran número de plantas -sobre todo mediterráneas y continentales- necesitan un incremento de las temperaturas a medida que se desarrollan para en el momento de más ‘calor’ -digamos sin entrar en tecnicismos- florecer. Aquí el calor era el mismo todo el rato, constante y no iba a incrementar si no todo lo contrario, lo mismo me ocurría con la exposición al sol. Yo lo sabía, pero hasta que uno no lo ve, no se lo cree. Esta era la prueba. ‘Por lista’, me dije.

 

Estaba ya en lo peor -aunque yo había elegido los cosmos porque tienen una floración muy larga-, ya iba yo a reunirme para asumir la mea culpa. Era mediados de Septiembre. Pero, ¡sorpresa! A finales de septiembre empezaron tímidamente a florecer. Algunas. Y, a la semana siguiente se cuajó de botones. Estuvimos semanas y semanas con flores. Hasta finales de octubre que ya con las lluvias comenzaron las varas a torcerse y decaer. Una decadencia hermosa la verdad, pero decadencia.

 

La verdad es que las fotos no pueden ser más bonitas. Y las hice yo, con mi móvil y antes de que acabara aquello me lancé con la Nikon -mi súper cámara- para ver si realmente era capaz de captar aquello. No puedo describir lo que era pasearse por allí a primera hora de la mañana o última de la tarde cuando ya caía el sol. Flores que iban desde un metro a dos metros, ligeras, de unos 4/5cm centímetros de diámetro. Miles. Blancas, rosa pastel a fucsia. Daba igual donde miraras. Salvajes, florecían y florecían. Se entremezclaban con las ya marchitas y secas.

 

 

Para este año

Este año, sembramos muchas más cosas, reutilizo algunos cosmos del año pasado que sobraron pero me he lanzado a preparar varias mezclas todo de flor autóctona -no es que sea pejijera con esto, yo hago jardines, algo de por si que ya moldea, hace y deshace e utiliza la naturaleza de muy diversas formas- pero así lo he decidido esta vez, por lo que lo único que me trajeron de China, son los Cosmos. Este año todo de la península. Y, eso si, sembramos ahora, en Febrero. Y, ya voy tarde, por ser Andalucía. Jur!

Esta nueva siembra mezcla mil amores, margaritas, amapolas, valerianas, salvias y hasta 40 especies de flores. Esto me servirá para otra entrada, otra aventura. Y, por encima de todo un vergel, uno de esos como los que pintaban los renacentistas o como los que llenaban tapices. Es un naranjal donde Boticelli se imaginó la primavera –ya hablé de él en esta entrada-.

 

A parte de sembrar semilla, estamos hablando de unos 5.500m2, que se dice pronto, entre mezclas de flores, caminos de hierba rústica y praderas de manzanilla -y no sumo lippias, cesped, etc-. Las entradas se plantaron en Noviembre de lavandas. Masas ondulantes de 3-4m de anchas bandas de lavanda blanca y morada, con manchas de nepeta tuberosa. Un planta con una espiga morada que dura hasta el otoño. Es muy sencillo, es muy rústico, es para regar poco también. Y además, para esconder los pies de algunos muro, y darle proporción a altas paredes blancas se plantaron jaras de flores rosas. Todas estas plantas tienen un bajo mantenimiento y poco riego. Es un jardín tan grande que si no me ajustaba a los objetivos que me habían puesto, fasear los trabajos y barajar múltiples opciones y reducir, nunca estaría bonito. Y para que voy a hacer un jardín que no luzca, me pregunto. Poco a poco, les he ido enamorando de su jardín, y eso que ahora no se ve ni el 80% de lo que va a ser cuando dentro de 2-3 años las lavandas hayan crecido, las praderas estén establecidas, y hayamos plantado los parterres de mirto a los pies de los naranjos. Este jardín dará que hablar.

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