Las Rosas son Rojas

 

Jardineros y Poetas desde antes de los tiempos de Roma reverenciaban las rosas como la reina de las flores por su extraordinaria belleza. Indiscutiblemente la Rosa es aún, hoy en día, la Reina de las Flores.

 

La flor de las rosas ofrece una enorme variedad de colores, formas y fragancias. La simplicidad de la rosa silvestre, el encantador color pastel de la rosa antigua ó el efecto joya de una híbrida moderna han hecho que sus cultivadores -predominantemente hombres- la dieran nombres de mujer y fueran bautizadas tras soberanas, heroínas míticas, esposas, amantes o hijas. Y si no tienen un nombre dedicado a una mujer en concreto, su nombre se asocia a la elegancia, el encanto, la ternura -rosa de pitiminí, rosa alba-.

Pocas plantas presentan tanta variedad en su hábito, altura, follaje y forma. Uno puede llenar un jardín de rosas -desde la delicada rosa expuesta en una coqueta maceta a una enorme rosa trepadora-. Tanto en un jardín formal o uno asilvestrado las rosas son la personificación de un día de veranoUn símbolo atemporal, místico y/o religioso cuyo presencia se aprecia incluso en las sociedades más secretas, donde el escaramujo -flor de cinco pétalos y fruto rojo- representaba el recogimiento y el misterio. Noble y espinosa. 

 

rosas

Las rosas de Heliogábalo es un cuadro del pintor holandés Lawrence Alma-Tadema. Heliogábalo ahogó a sus invitados con pétalos de rosa.

 

Mis primeras rosas

Recuerdo que en casa de mis abuelos -donde pasamos los veranos ciento un mil niños o casi-, mi abuela tenía nada más salir del porche principal una explanada de césped rodeada de una bordura de rosas arbustivas. Altas y esbeltas. Al menos lo que recuerdo. Y, recuerdo el rojo. El rojo aterciopelado y ligeramente oscuro y granate que se iba iluminando a medida que se abrían. Ella iba recogiendo sus flores durante todo el verano con mucho mimo, tal y como uno espera se trate a una rosa.

También recuerdo la delicadeza de su olor almizclado y cómo aquellas eran las rosas de la Abuela. La verdad es que no hay cosa más bonita que ver a alguien disfrutar de la flor de una rosa. Es un descubrimiento, tan pasajero, que parece que uno no haya olido una rosa nunca. Su fragancia, su suavidad al tacto, los colores vivos, pasteles o blancos inmaculados… Y sus espinas. Jugar en aquel parche de césped y rebuscar la pelota entre las borduras a veces acarreaba algún rasguño. Pero Antoine de Saint-Exupéry tenía razón cuando escribió en El Principito: ‘Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió‘. Sin duda sus espinas siempre recuerdan que ni siquiera la mayor de las dichas es segura.

 

rosas

© Gerrit Klein

 

La virtud y la pasión

Cuenta la leyenda que las rosas son rojas gracias a que la Diosa Afrodita piso las espinas de un rosal blanco -el mismo que nació cuando ella puso por primera vez el pie en la Tierra- y tiñó sus flores de rojo al ir a ver a su moribundo amante. A partir de entonces la rosa blanca significa la pureza del amor, mientras que el rojo se convirtió en el color del deseo y la pasión. 

La palabra rosa nos acompaña en el lenguaje y la poesía popular la ha adaptado a todo tipo de situaciones. Es tal contradicción encontrar una rosa tallada en los confesionarios, siendo ella la representación de la Madre de Dios, y al mismo tiempo gozar de ser el símbolo de la pasión y lo erótico. Frases tan re-dichas como estar como una rosa, en la flor de la vida, ó ser un pimpollo y ya no hablemos de desflorar hablan una y otra vez de las rosas. Y no hay que olvidar que muchas ciudades medievales llamaban la calle de la Rosa o la Plaza de la Rosa a los lugares donde se ejercía la prostitución. Pero como resaltaba Rainer Maria Rilke:

 

Rosa, oh, contradicción pura’

 

Tecnicismos -voy al lío-

Pues bien elegir una rosa es igual de abrumador que su simbología. Es como entrar en un centro comercial en hora punta. Boom. Es imposible elegir entre tanta variedad, tanta mística y tanta palabrería. Pero si es cierto que merece la pena saber que tipo de rosa quieres comprar, no todas sirven para todo o dan el resultado que quieres. Y cómo a las rosas hay que darles la importancia que se merecen es bueno elegir con conocimiento de causa, no vaya a ser que te toque una rosa como la de El Principito

 

rosas

© Daria Shevtsova

 

Hay tres tipos de rosas

Para entendernos todas las rosas se clasifican en tres grandes grupos:

  • Las rosas silvestres o salvajes -especies de rosas en sí- son normalmente grandes arbustos que tienden a arquear ó trepar, la época de floración es desde la primavera hasta la mitad del verano con flores simples de 5 pétalos y decorativos frutos en otoño

 

rosa rubiginosa

Rosa rubiginosa © David Austin

 

  • Hay tantas rosas dentro de las rosas antiguas que estas se han dividido en 2 grupos. El grupo A, mayormente de origen Europeo poseen fragantes racimos de rosas durante el verano -con alguna excepción que florece en otoño- sobre un follaje mate. Son arbustivas. Alba, Damascena, Gallica fueron cultivadas inicialmente por su fragancia. El grupo B son híbridos entre rosas Orientales y Europeas. Casi todas dan flor en otoño y también en verano. Rosa de Té, Portland, Híbridas, China… por nombrar unas pocas.

 

rosa antigua

Rose Baroness Rothchild ©David Austin. Rosa Antigua.

 

  • Las rosas modernas suelen tener más de una floración a lo largo del verano y del otoño, tienen un follaje brillante y lustroso, característico de las rosas Orientales. Trepadoras, Sarmentosas -más grandes que las trepadoras, pero con ramos más flexibles- Híbrido de Té, Rugosa, Floribunda son sólo algunas.

rosa híbrido de te

Rosa Congratulation ©David Austin. Híbrido de Té

 

Una rosa no es complicada

Una rosa no es complicada de cultivar siempre que sus necesidades básicas están cubiertas. Son plantas de relativa larga vida así que merece la pena invertir el tiempo y el esfuerzo en elegir el lugar adecuado, preparar el suelo convenientemente, seleccionar el cultivar para tus condiciones climáticas y por supuesto plantarlas correctamente.

Todas las rosas -siempre hay alguna excepción-, necesitan un lugar abierto al sol y protegido de fuertes vientos, con una buena circulación de aire y un suelo fértil. No se desarrollan en la sombra cerrada, debajo de los árboles o en lugares abarrotados de otras plantas, tampoco en suelos anegados o en suelos donde haya habido un cultivo de rosas en los dos o más años previos -parece ser que las finas raíces de las nuevas rosas son más propensas a ser atacadas por los hongos que las ya plantadas-. En caso de tener que replantar una rosa hay que eliminar al menos los primeros 45cm de tierra (por 60cm de ancho) y reponerla con tierra estéril o que no haya sido utilizada previamente para cultivar rosas.

Las rosas crecen en casi todos los tipos de suelo, pero como muchas plantas les gusta más los suelos ligeramente ácidos (pH 6.5) que retengan agua pero que estén bien drenados. La falta de drenaje de suelos arcillosos, la falta de retención de agua de suelos más ligeros y arenosos y el pH alcalino se puede mejorar con bien de materia orgánica.

Dada la cantidad de rosas que existen no es difícil encontrar una para ti. A mi las opciones me desbordan.

 

rosas

© Bruno Raffa

 

Dónde encontrar las mejores rosas

Yo por lo general voy directa a ver las rosas de David Austin. Las mandan por correo, las puede pedir cualquiera y el buscador tiene un filtro que te permite elegir según condiciones ambientales, color, fragancia, etc. Ahora bien, te las envían desde Inglaterra. Por lo que tendrás que cuidarlas para que se aclimaten bien depende de donde estés.

La otro posibilidad es acercarse a algún vivero que sólo tenga rosas. Más complicado en general, pues puede que sólo vendan al por mayor. Ó, acercarse al Garden Center. Pero, lo cierto es que desde casa y aun sólo click puedes tener una variedad de rosa que a lo mejor no encuentras en ningún otro lugar…

Referencias:
RHS Encyclopedia of Gardening. Roses.
David Austin Roses
Las mujeres que aman las plantas. Claudia Lanfranconi y Sabine Franck. Ed. Maeva.

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Cicerón